Sergio Zelaya: «El negocio es que nos vaya bien a todos»

Hace 31 años que Sergio vive en la casa donde nació, casi en frente del Campito, lugar de los entrenamientos del Club de Fútbol y Handball. Comenzó a colaborar en el 2003, y hoy es el responsable de Deportes, donde trabaja con el equipo y más de 170 jóvenes, además de pensar actividades para todos los Programas.

Sergio, conocido por todos como ‘Trucha’, fue al secundario en Grand Bourg, un barrio cercano. Luego se decidió a estudiar Educación Física, haciendo un esfuerzo económico: “Hasta que murió mi viejo yo prioricé trabajos en los que aprendía sobre Educación Física. Pero después tuve que priorizar la plata, porque la necesitábamos”.

“Elegí el deporte porque vi que podía ser un buen vehículo para transmitir un mensaje de superación. Aunque tenía poca experiencia a nivel deportes. Lo mío siempre había sido el fútbol, nunca handball, nunca una colonia de vacaciones ni pileta”. “Por suerte muchas personas me ayudaron, y Educación Joven me ayudó con una beca para pagar la pileta donde entrenaba. Me presenté varias veces al examen, y me aplazaron, hasta que aprobé -cuenta emocionado-. Por eso trato de ser un digno profesional todos los días, y trata de hacer mi trabajo lo mejor posible».

Quizás el obstáculo más importante que Trucha tuvo que superar fue el cultural: “Muchos chicos de clase media que viven en capital, dentro de su familia o conocidos el 80% son profesionales, y no se les cruza por la cabeza otra cosa que no sea hacer una carrera universitaria. Pero acá en el barrio, al que estudiaba ni siquiera lo miraban con orgullo, sino más bien como desubicado. Hay una franja de chicos adolescentes y jóvenes que no se ven muy convencidos de tener posibilidades. Nuestros viejos vinieron del interior con lo puesto y levantaron el barrio de la nada, pero muchos no tuvieron la oportunidad de estudiar, y el miedo a arriesgarse y perder lo que se logró se transmite a los más chicos”.

“Nosotros desde Deportes intentamos hacer eso, que los chicos encuentren un respaldo, el mismo discurso alentador en muchos lugares. Los más grandes se van dando cuenta de que el deporte es una excusa, que lo más importante es que ellos estén juntos. Las actividades hacen que la gente salga de su casa y se dé a conocer. Se cruzan en las distintas actividades, y en ese cruce van rompiendo los prejuicios y preconceptos. De a poquito van entendiendo que no hace falta tener un título colgado en la pared para dar una mano o para cambiar las cosas, sólo hace falta un poco de predisposición y buena voluntad”.

“ Nos va a ir bien individualmente a cada uno cuando grupalmente nos vaya bien a todos. Ese es el negocio, que nos vaya bien a todos. Ojalá me alcance la vida para ver los cambios. O por lo menos el haberme sentido parte de un proyecto y una idea habrá justificado todo lo demás. Me considero afortunado, por hacer lo que a mí me gusta. Voy caminando por las calles del barrio y los pibes me saludan, o si alguno tiene problemas me pregunta, o vienen a mi casa a mostrarme el boletín”.

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