Servicio Social: “Unas manos dan y otras reciben”

Cuando colaboramos solemos preguntarnos si nuestro aporte tendrá el destino que nos imaginamos. La idea que nos moviliza a hacer algo por alguien supone la alegría de otro que recibirá a ayuda. El siguiente relato ilustra el funcionamiento del Servicio Social de EnAcción, en cuyo trabajo cotidiano se articula la ayuda de una persona con la necesidad de otra, en el marco de un acompañamiento profesional.

Una joven del barrio que se acercó al Servicio Social, presenta una discapacidad visual de nacimiento. Desde chica, su abuela la acompañó en todo lo que necesitaba, aunque con un extremo cuidado que llegó a impedir la continuidad de su desarrollo personal. En aquel momento, desde el Servicio Social se trabajó en mejorar su calidad de vida con su abuela, y desarrollar su creatividad y expresión a través del Taller de Música.

Tras unos meses de acompañamiento, la joven abandonó el espacio de música y perdió contacto con el servicio. En esa misma época, un allegado a la organización donó una cama de una plaza con colchón en perfecto estado, que se recibió y mantuvo a la espera de una necesidad que respondiera a este recurso. Casi un año más tarde, la joven volvió a acercarse al Servicio Social. Esta vez con su otra abuela, madre de su padre fallecido, con quien había decidido irse a vivir en busca de mayor autonomía y crecimiento personal. De su casa se había podido llevar ropa, por lo que hacía dos semanas que ambas compartían la cama para dormir.

Ante cualquier pedido o demanda desde el Servicio Social las acciones giran en torno al desarrollo de la autonomía de los sujetos y de las familias, las coberturas de sus necesidades y la efectivización de los Derechos. Con este marco de trabajo, se propuso acompañar el nuevo proyecto de la joven (simple pero transformador para ella) no sólo apelando a un acompañamiento profesional sino, también, aportando los recursos materiales necesarios. Sabiendo que ciertos objetos a veces nos conforman e identifican, se le entregó la cama con colchón que alguien había donado esperando que tuviera un buen “futuro” en otras manos.

Unas manos dan y otras reciben. Lo bueno de esto es que no sólo la joven ahora duerme en su propia cama (su primer adquisición en tiempos de dependencia) sino que quien quiso ayudar lo pudo hacer de la mejor manera.

Esta entrada fue publicada en testimonios. Bookmark the permalink.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *