15 años EnAcción: «Los comienzos»

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La historia de EnAcción se remonta a fines de los años 90, donde muchas familias de nuestro barrio sufrían el impacto de un país que se derrumbaba poco a poco. Anticipando la crisis que explotaría en el 2001, el desempleo ya era muy elevado, los niveles de pobreza y de desigualdad social aumentaban en una comunidad desarticulada, donde las acciones grupales necesarias, se presentaban como hechos añorados de un pasado irrepetible.

Ante este panorama y como parte de la pastoral social de la Parroquia San Pablo, comienza la convocatoria a los vecinos, para reunirse y encontrar respuestas conjuntas. La premisa que guiaba estas acciones postulaba que para que un día exista una comunidad cristiana, primero debía formase una comunidad y para eso era necesario volver a vincularse. Entonces vecinos, jóvenes y matrimonios misioneros y voluntarios, desafiando la lógica de la ruptura y el aislamiento, comenzaron a salir a recorrer el barrio. Nacen así algunas iniciativas importantes relacionadas no sólo con situaciones de carencia individual, sino con necesidades comunes, con problemáticas barriales. Aunque no se tenían todas las respuestas, sabíamos que había algo que podíamos hacer y era “ponernos en acción”.

De este modo nos pusimos manos a la obra, dando inicio a la refacción de viviendas precarias, construcción de veredas, un emprendimiento de panadería y limpieza del campito. Un momento clave fue el logro del asfaltado de algunas cuadras, que mejoró el acceso al barrio. Llevar adelante estas iniciativas implicó que los vecinos se juntaran, debatieran y manifestaran preocupaciones, se organizaran con el pago de las cuotas, articularan con el municipio y concretaran la obra. Otro hito importante, ante una creciente oleada de violencia, fue una marcha por la paz, en la que muchos vecinos manifestaron por las calles, que deseábamos un barrio sin violencia y esto sirvió para pacificar algunas bandas en conflicto.

Estas primeras acciones fueron el germen de un camino compartido que hoy lleva ya quince años. Significaron un redescubrimiento de las posibilidades de la propia comunidad, permitió que se recuperaran valores de solidaridad, encuentro y trabajo. Estas experiencias “piloto”, con sus logros y dificultades, resultaron un aprendizaje fundamental para la participación barrial que se terminaría de cristalizar como respuesta obligada ante la crisis de 2001. Fue una instancia clave para que la comunidad volviera a reconocerse como un actor fundamental de su propio desarrollo.

 

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