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“Yo siempre fui de involucrarme, si hay alguien
que necesita una mano dársela. Si algún día mis
chicos están en un apuro en la calle, quisiera que alguno, en
vez de bajar la persiana levante el teléfono o les de una mano
de alguna forma”. |
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"Acá
cerca hay una plaza. Y cuando vinimos nadie usaba la plaza porque se
juntaban a drogarse. Y un día me cansé, pensé:
“¿Por qué tienen que estar mis chicos encerrados
y ellos disfrutando de la plaza?”. Entonces fui y les pedí
si podían ir a drogarse a otro lado media hora que yo quería
que mis hijos jugaran. Y se fueron. A la media hora volvieron y nos
fuimos. Al otro fin de semana eran 40 minutos, y así. Acá
la gente sale ahora, no antes, le costó un montón salir
y no tener miedo, de a poquito se ve". |
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"Yo me relacionaba sólo con el que vive enfrente, pero nada más. Por ahí iba a misa y Luciano hacía hincapié en salir y saludar al vecino. Sería mejor decir “¿Qué necesitás?”, pero por lo menos decir buen día, buenas tardes, te genera conciencia. Cuando empezó esto, vos veías que la gente se sentaba cerca de los conocidos. Ahora, cuando saludamos a los otros tardamos como 40 minutos en acomodarnos: el de atrás se va para adelante, el de adelante para atrás...”. |
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