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“A los 30 me casé y me vine a vivir a
José C. Paz, después a Barrio Manuelita, después
a una quinta en el centro de San Miguel. Ahí éramos cuidadores.
Nosotros siempre tratábamos de cumplir, mi marido era muy laburador,
la quinta estaba hecha un espejo. Cuando murió entregué
la quinta, porque yo no podía atenderla. Entonces la lotearon,
la vendieron y ahora hicieron unos edificios”. |
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“Cuando mi marido era soltero, por el ’60,
compró un lote por acá. Esto era campo, no era ni barrio.
Estaban marcando las calles todavía. Había una balanza
de camiones en la calle Chile, la parroquia ni qué hablar. Mi
marido me dijo “A mí no me parece que sea un lugar para
vos”, y dejó de pagarlo. Después no volví
hasta que mi hija compró acá, por el 90 y pico, cuando
mi marido ya había fallecido”. |
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“ Había perdido a mi esposo, me robaron el coche, se me incendió la casa... Entonces fui a lo de mi hija, ya casada, y después construí en el fondo de su terreno. Son altibajos, primero parece que el mundo se te cae encima y después revivís como el ave Fénix, salís de entre las cenizas. Son cosas que te golpean fuerte pero te hacen más fuerte”. |
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