>TESTIMONIO
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Mónica Guerra, (46 años) Colaboradora de El Campito
“Hace tres años que con mi marido Víctor colaboramos en El Campito. El año pasado participó más él, y si teníamos visitas yo me quedaba en casa y él venía después.
Hay muchas problemáticas complejas que tratamos de derivar, y veo que el cambio se nota, por el cariño fueron cambiando los chicos. Al principio eran más agresivos, pero ahora es distinto. Habrán dicho: “Qué hacen que no están en su casa el domingo”, y los hizo pensar. Cuesta levantarse el domingo a la mañana, pero cuando me ven por la calle y vienen con los brazos abiertos a darme un abrazo me doy cuenta de que vale la pena”.

Ana Miguens, (46 años) Colaboradora de El Campito
“Hace seis años y pico nuestra hija mayor, Ana, que era voluntaria en el comedor, nos pregunta si podía traer a casa los domingos a chiquitos del barrio, para que vinieran a jugar y pasar un buen rato. Para nosotros nuestra familia es un regalo enorme de Dios, y queríamos compartirlo con ellos, así que dijimos que sí y vino con cinco chicos.
Después se corrió la bolilla y de 5 pasaron a 30 y así hasta llegar a 200. Preparábamos nuestra casa con disfraces, arenero, juegos de mesa, armábamos rincones de dibujo, fútbol, rugby, quemado, y el que quería no hacer nada, podía. La cantidad de chicos nos hizo pensar en trasladar El Campito al barrio. Conocimos a gente nueva que les pareció buena la propuesta, entre ellos Víctor y Mónica. Vienen 150 chicos, desde bebes hasta 15 años. Y ellos mismos también nos ayudan muchísimo, eso creo que fue un cambio enorme, que ellos vean que esto es de ellos y para ellos, que son responsables de las cosas, se comparte, se hacen amigos, esto es maravilloso. Y esto es bueno para el barrio, chicos que han crecido conociéndose, compartiendo los domingos, valores, en un ambiente familiar y donde todos ponemos mucho amor en lo que hacemos. Nos vemos cada domingo hace 6 años, ellos saben que estamos ahí, lo valoran y nos lo agradecen de miles de maneras”.